Escuela de Psicología debate sobre violencia intrafamiliar

Una charla organizada por el Centro de Estudiantes de Psicología permitió a estudiantes participar de una conversación en torno a la problemática de la violencia intrafamiliar.

Aspectos históricos y conocimiento de lo que ocurre actualmente en esta materia, fueron parte de los puntos desarrollados en la Charla sobre Violencia Intrafamiliar, organizada por el CEP de la casa de estudios.

La exposición fue realizada por la trabajadora Social, Alicia Ubilla, integrante fundadora de ONG Codeinfa y centro de atención en San Joaquin y que atiende a mujeres en contexto de alta vulneración social, junto al psicólogo y profesor de la carrera de Psicología de la Universidad y también profesional de dicho centro, Francisco Merino.

La charla estuvo orientada a dar cuenta de que esta problemática no sólo debe ser abordada desde una mirada psicológica, sino que también de cómo esta construcción histórica de ser mujer mantiene la pauta de la violencia que sufre a través del patriarcado o través del machismo.

En este contexto la invitada indicó que la mirada discriminadora es un problema viejo y que  aparece desde los albores de la historia, pudiéndose visualizar desde los distintas leyendas, cuentos, mitos y textos más antiguos, una forma de relación entre hombres y mujeres que muestra la superioridad de los hombres por sobre las mujeres, haciéndose un entramado de ideas  que van conformando la ideología patrialcal. “Tal es el caso de Adán y Eva en la Biblia, donde es el hombre engañado por una mujer haciéndolo caer en pecado, culpándola a ella de todos los males de la humanidad. Y Dios le da una sentencia, que consiste en que parirá con dolor los hijos y que estará sometida a su marido”, ejemplificó la profesional.

Para Alicia Ubilla, es este mismo poder el que está asociado a lo político, religioso, económico, social y el conocimiento.  “Este varón quien hace uso y abuso de este poder. Es un poder asociado a  la acumulación de bienes, en donde los hijos pasaron a ser parte de los bienes del hombre.  Este darse cuenta significó apoderarse de los cuerpos de las mujeres y obviamente de los hijos. Y el ejemplo es el apellido primero que todos llevamos”, señaló.

Para la experta, es en  la familia antigua donde el hombre quien toma las decisiones, teniendo un poder absoluto  al interior de las familias.  “Pero en la medida que va transcurriendo el tiempo, van surgiendo voces  que llaman a revisar esta desigualdad que oprime a tantas y a tantos”, menciona.

Así menciona por ejemplo los gritos de Igualdad, libertad y fraternidad durante la revolución francesa y la presencia de Olympia de Gouges, dramaturga, panfletista y filósofa política francesa, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana; acciones de liberación de las mujeres y la reivindicación de los derechos, realizada por varias mujeres en el siglo 19, como la formalización en  1948 con la declaración universal de derechos humanos.  “Se legaliza esta posibilidad de resguardo de los derechos. Luego de mirar las aberraciones que habían ocurrido luego en la Segunda Guerra Mundial y cuando se comienza a hablar de posibilidad de igualdad, de justicia. Y de ahí en adelante surgen derechos de los niños, de las mujeres y minorías, etc. y los rimeros estudios sobre las relaciones de las parejas y de las familias en los años ´60”.

Es así, que a partir de los años ´60 comienzan a darse una nueva mirada a esta problemática, surgiendo varios conceptos.

“Uno de ellos es la Violencia doméstica, que habla de las  agresiones ejercidas desde un hombre a una mujer. Lo doméstico es el hogar, la casa, lo invisible, lo que no opina, lo que no gana dinero, la cocina. Habla de una mujer invisible y sin participación en la vida pública,  habla de un concepto político que se refiere a la desigualdad social, y que surge desde mujeres que atienden a otras mujeres que sufren de ella y que piden ayuda. Y estas mujeres que atienden se van involucrando y analizan cuales son los factores que intervienen en las relaciones y permiten la Violencia doméstica,  que es la Invisibilidad, algo permitido en los cánones de las relaciones familiares, dentro del ámbito privado, normalizado desde todas las áreas y sin ningún cuestionamiento”, señaló la experta.

Otro de los conceptos que se agregan viene con posterioridad, ya en la década de los ´90, cuando se comienza a hablar de Violencia Intrafamiliar. “Se amplía el rango e incluye a los demás miembros de la familia, pudiendo ser de una mujer a un hombre o de maltrato a los niños o a otros miembros de la familia, con el fin de ocasionar daño físico, psicológico o sexual”, explicó.

Ya en este siglo, se incluye el término de Violencia de Género. “El que consiste en cualquier tipo de agresión a una mujer por el sólo hecho de serlo. E incluye todo el ámbito, desde niña a mujeres en relación de pareja o asaltos en la calle”, señaló.

Alicia Ubilla, hizo un análisis de los motivos de por qué en pleno siglo 21, y con los avances  y conocimientos alcanzados, aún muchas mujeres viven de este tipo de experiencias.

“Mi propia experiencia me permite reflexionar cómo lo viven las mujeres que acuden al centro de atención, para pedir ayuda y que se encuentran agotadas de una vida de maltratos que no entienden y que no saben cómo parar. Me he dado cuenta en estas atenciones del enorme potencial que ellas tienen, el que está escondido debajo de una maraña, que son los malos tratos, las descalificaciones, los golpes, los abusos sexuales y económicos. Es decir, en todo lo que significa en una mujer que vive inmersa en una relación de violencia”.

La trabajadora social agregó que cuando acude una mujer, generalmente no ha hablado con nadie lo que están viviendo. “Aún ahora en pleno siglo 21, muchas siguen enredadas entre el silencio, el miedo, la vergüenza y la culpa, y en las creencias culturales recogidas incluso antes de nacer, cuando estaban dentro del vientre de otra mujer. Incluso muchas mujeres a pesar de vivir una verdadera tortura al interior de su relación, siguen por esta idea o mandato centrado de mantener la familia. Así se someten al sufrimiento y desdicha”, explica.

¿Cómo se trabaja con estas mujeres para comenzar a sanar? “Parte del proceso que ella inicia, es el ejercicio de mirarse y de reconocerse y al mismo tiempo de mirar y de reconocer al otro, en sus reales dimensiones. Es decir, él no es Dios que todo lo sabe y lo maneja. Que ella no es tonta, inútil que hace todo mal y nada productivo. Y también como parte de su proceso, es recuperar su capacidad de decidir y de hacerse cargo de su propia vida, de poner su felicidad en sus propias manos, darse cuenta de sí misma y recuperar la rebeldía propia de la juventud. Y que lo haga y darse cuenta de la situación de injusticia que la atrapa en la relación de violencia”, mencionó.

Para Alicia, es a partir de este trabajo y de lo que surge que permite evidenciar que al hablar de violencia en la relación de pareja, va más allá del ámbito psicológico y mental. “Este es un problema cultural, social, político, religioso y del conocimiento. Y el riesgo de mirarlo como enfermedad mental hace ver que la mujer no está en su plena capacidad psíquica, que no tiene todo su potencial psíquico o  que no tiene la capacidad de detener las agresiones de él. Nuevamente poniendo las responsabilidades afuera.  Cuando psicologizamos a una mujer que vive violencia entramos en el riesgo de realizar un diagnóstico errado.  Que no contempla las realidades sociales  o culturales del ser mujer en una sociedad marcadamente patrialcal”, enfatizó.

Y dentro de esa mirada es que Alicia Ubilla señaló que para trabajar esta temática es necesario el abordaje social más que el personal, en los cuales habría que trabajar para tener una relación más igualitaria por el otro y la otra. “Porque la violencia intrafamiliar, la doméstica y la de género, es una situación de injusticia que no permanece sola, sino que tiene pilares que la sostienen. Una de ellas es el patriarcado. Ideología  cuyo centro es la institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y sociedad en general.  Con una distribución desigual del poder  y del dinero en favor de algunos hombres. Otro, el machismo, la cara visible de la ideología, que se traducen en golpes, insultos, garabatos u otras formas burdas de manifestar el poder de un hombre sobre una mujer. Otro pilar es la cultura, es decir nacimos y nos criamos en esta cultura occidental patrialcal cristiana en base fundada en patriarcado y poder de hombres sobre mujeres. Otro es la Institucional: Colegio, carabineros, universidades, consultorios, fiscalías, y donde mientras no se tenga como política de Estado con una mirada de igualdad sobre hombre y mujeres, la situación se mantiene. Otro, los mitos, es decir aquellas ideas preconcebidas o prejuicios sin base sólida y que se traspasa de generación en generación, como el “Quien te quiere te aporrea”, “Está curado y por eso me agredió”. También están las creencias o mandatos que recibimos, como que el matrimonio es para siempre. La Familia tradicional y perfecta.  La religión, pero aquella no liberadora y opresora, y centrada en tradiciones eclesiales más que en las personas como hijos de Dios”, finalizó la invitada.

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