Escuela de Psicología inaugura Ciclo de Charlas 2017

Con la charla titulada “El trauma desde la perspectiva del alma”, desarrollada por los profesores Felipe Banderas y Camilo Barrionuevo, la Escuela de Psicología (visión humanista transpersonal) de la Universidad del Pacífico dio inicio a si Ciclo de Charlas 2017.
La U. del Pacífico comenzara a dictar en julio el Diplomado en Acompañamiento en situaciones de trauma: un abordaje desde la psicología Jungiana y la espiritualidad.  

Ante un auditorio repleto de estudiantes, egresados e invitados externos, se desarrolló la primera clase magistral del año de la Escuela de Psicología de la Universidad del Pacífico, que abordó el tema de “El trauma desde la perspectiva del alma”.

La charla estuvo a cargo de los psicólogos clínicos Felipe Banderas y Camilo Barrionuevo, ambos profesores del Diplomado en Acompañamiento en situaciones de trauma: un abordaje desde la psicología Jungiana y la espiritualidad, que comenzará a dictar la Universidad del Pacífico en las próximas semanas.

“La primera charla magistral 2017 trata la temática del trauma, al ser ésta muy relevante para nuestra profesión, para el rol de los psicólogos y la necesidad de contribuir a la formación de pre grado y post grado”, señaló la Directora de la Escuela de Psicología, Carmen Gutiérrez.

La primera exposición correspondió al psicólogo clínico Camilo Barrionuevo, quien es Magíster en Psicología Clínica de la U. de Chile, Magíster en Estudios Teológicos de la Universidad Boston College de Estados Unidos y profesor de postgrado en la U. del Pacífico, en otras universidades, quien habló sobre la relación entre psicoterapia, espiritualidad y religión.

El especialista abordó cómo el trauma afecta la psicología profunda, es decir, cómo se ve el trauma desde la perspectiva del alma y la relación entre trauma, teología y espiritualidad. “Un cruce que es lo menos evidente muchas veces para los psicólogos con formaciones tradicionales y donde hay que ver qué tiene que ver la espiritualidad con el trauma”, señaló.

Barrionuevo indicó que “el trauma toca elementos que vienen desde la espiritualidad y que pueden constituir recursos terapéuticos clínicos que es importante respetar e integrar, ya que muchas veces los psicólogos, por formación o desconocimiento, lo reducen a lenguajes ‘psicologizantes’ que no hacen justicia a la realidad espiritual que dichas personas están experimentando a través del trauma”.

El segundo turno fue para el psicólogo clínico y psicoterapeuta jungiano, también docente de la U. del Pacífico, entre otras instituciones, Felipe Banderas, quien expuso sobre “El trauma y el Alma”. En su presentación, el profesional indicó que al mirar lo que ocurre en la clínica con los pacientes en relación al trauma, se observan dos grandes características: una experiencia emocional que resulta intolerable y sin escapatoria, y una experiencia donde no hay testigos que den cuenta de eso que ocurre. “La ausencia de testigos es lo que define la experiencia traumática. Por lo tanto, en una relación emocional correctiva, el terapeuta debe actuar como un testigo emocional y ser el primero en ver aquello que nadie ha querido ver”, agregó.

Banderas señaló además que el trauma es un fenómeno muy complejo. “Es el evento concreto, es la experiencia subjetiva de ese evento y es lo que me queda hoy al respecto… En ese sentido, siempre vamos a tener que cuidar de no solamente entender o mirar el trauma como un congelamiento; también el trauma es la oportunidad para conocer mi alma. A través de ese dolor es cómo conoceré mi propia espiritualidad, el trauma como nexo entre mi sujeto y mi alma”, explicó.

En este sentido, insistió en lo que planteaba Jung sobre la importancia de establecer una psicología clínica con alma. “La clínica no puede perder la perspectiva del alma, esa conexión hacia nuestra propia y subjetiva totalidad. Porque cuando conozco mi alma, sé quiénes son mis semejantes y quiénes están en otro camino. El alma no sólo reúne internamente, también nos reúne con los otros”, dijo.

En este punto preguntó: “Cuando uno está frente a un paciente, ¿dónde pongo al alma, dónde pongo el espíritu? Pareciera que una forma de operacionalizarlo es poniéndolo en la memoria. El alma es la memoria, memoria que no sólo significa recuerdo cognitivo, sino emocional, corporal, relacional y contextual de lo que implicó mi primera infancia y de lo que implicaron mis experiencias difíciles. Por eso, probablemente solemos poner el alma en las personas que amamos, las que serán las que podrían potencialmente ayudarnos a recordar quiénes somos. Porque realmente lo que ocurre es que si uno aprende a convivir con sus experiencias traumáticas, sabe quién es. Ahí la importancia de la psicoterapia y del testigo emocional”, concluyó.

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