Facultad de Ciencias Sociales y Económicas realiza charla sobre acompañamiento en situaciones de trauma

El encuentro se realizó en el contexto del “Diplomado Acompañamiento en situaciones de trauma. Un abordaje desde la psicología junguiana y la espiritualidad”, que organiza la unidad académica para abril próximo.

Con la presencia de estudiantes, académicos y directivos de las carreras de Psicología y de Trabajo Social, la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas realizó un conversatorio sobre acompañamiento y trauma, denominado “Recursos terapéuticos y espirituales para el tratamiento del trauma”, a cargo de los profesores del diplomado Felipe Banderas; Camilo Barrionuevo y Claudia Narea.

La actividad realizada como acto para dar  impulso a este nuevo año lectivo, estuvo presidida por el decano de la Facultad, Jorge Fernández. “En esta charla se abordarán algunas discusiones contemporáneas respecto a los efectos del trauma en las personas y con la mirada simbólica de la mirada jungiana tan vigente en nuestros tiempos que corren y tan profundamente valorara por la comunidad científica, la cual puede favorecer el tratamiento terapéutico de los pacientes. A su vez se discutirá como el trabajo con poblaciones víctimas de trauma y psíquicos afecta también la salud mental y física de los profesionales de la salud mental y de cómo prevenir el desgaste profesional o burnout”, señaló al inicio.

La primera ponencia estuvo a cargo del psicólogo clínico Felipe Banderas, quien indicó además de definir el trauma como una experiencia emocional que resulta intolerable para el yo, es que es un evento carece de testigos. Es decir donde no hay nadie que pueda atestiguar lo que está ocurriendo. Si alguien pudiese atestiguar, tal vez se disminuye la experiencia traumática”, indicó.

Así mismo, agregó es posible hablar de trauma cuando desde perspectiva del trauma crónico. “Es decir muchos eventos que concatenados generan una experiencia traumática”, señaló.

Y lo otro que hay que tener en cuenta – dijo – es que el trauma es siempre es una experiencia subjetiva. “Hay una gran subjetividad en la experiencia traumática que depende del mundo interno y del mundo social de quien lo experimenta, y de cómo este recuerda y se vive dichos elementos”, planteó.

Felipe Banderas indicó que las ideas actuales sobre el trauma, dan cuenta de que éste es constitutivo de la psique. “Es decir nuestra personalidad crece desde lo traumático, es como una planta o flor donde el macetero sería la experiencia traumática”, aclaró.

Agregó que desde el punto de vista terapéutico, probablemente una de las características principales de lo traumático, tiene que ver con la disociación.  “Es decir con un corte. No hay relación con la emoción traumática, ni con el evento traumático, queda separado de mi psique.  Por lo tanto cuando uno está con un paciente traumatizado, en realidad el paciente no conecta con lo que le está ocurriendo aunque lo esté vivenciando. Eso generalmente en los terapeutas provoca mucha rabia. Por lo tanto es interesante saber que si el terapeuta comienza a enojarse mucho con su paciente, es un signo importante de la disociación provocada por el evento traumático en la psique interna del individuo. Y por ello yo creo que trabajar con el trauma de otro implica tener sumo cuidado con la retraumatización. Es decir que si hay algo que está disociado, es lo más adaptativamente que pudo hacer el paciente en el psique para lidiar con la experiencia. Por eso hay que tenerlo con mucho cuidado porque trabajar  con el trauma  es como una especie de circunvalación, es decir desde ir desde lo más lejos, girando y lentamente acercándonos al núcleo. Es un trabajo cuidadoso y generalmente lleva un ritmo mucho más lento del que esperamos”, comentó.

En su exposición, el profesional se centró especialmente en el trauma temprano. “De aquel que va  desde los 0 a 4 años, es decir antes de la formación del yo.  Y como la experiencia traumática queda proyectada en el mundo, es a los sujetos tienden a vivir e interpretar la vida desde lo traumático. Y estamos una y otro vez, recreando lo traumático. Y si tú nuevamente fuerzas al diálogo o el relato, provocas la sensación de retraumatización porque la experiencia traumática sobrepasa al sistema de defensa.  Se recrea la experiencia traumática y con lo cual no puedo lidiar.  Y por lo tanto viene una fantasía de destrucción del alma, del espíritu personal, lo más íntimo de mí no va a sobrevivir a esto”.

Por ello indicó que una de las cosas fundamentales es que los psicólogos clínicos deben entrenarse para reconocer las defensas del otro. “Porque cuando alguien se está defendiendo, eso es adaptativo y eso hay que respetarlo, no hay que pasarlo por encima. Defensa primitivas en el trauma temprano, tales como fragmentación, identificación proyectiva, idealización, y diabolización o sensación del diablo. Pero esta disociación o defensas primitivas, permiten seguir adelante en el mundo externo  para seguir adaptados en su mundo externo pero quien paga es el interior”, aclaró.

El profesional agregó que desde esta mirada desde lo psicológico y espiritual, en el trauma el alma queda presa del mundo interno.  “El alma que es una experiencia que,  desde el mundo psicológico nos debería ayudar a ascender hacia experiencias reconfortantes o ascender hacia nuestra totalidad subjetiva, con el trauma temprano queda presa del mundo interno.  Por lo tanto el alma no está disponible para el sujeto y el trabajo terapéutico con el trauma temprano implicaría liberar esa alma que está presa de la experiencia. Ahora más de alguien podría estar pensando que acá hay un problema, porque si uno se fija propiamente en casi todas las psicoterapias – Freud, Jung, Humanismo – se basan en la idea de que hacer terapia es dejarse fluir por los afectos,  como el contáctate. Pero acá estamos diciendo todo lo contrario. Que si tú a un trauma temprano haces eso, le pides contactarse, fluir y conectarse, re traumatizas, y esa es una complicación terapéutica básica”, señaló.

Basándose en diversos autores, Felipe Banderas indicó que el trauma se actualiza sucesivamente y que esto es vivido por el sujeto como una pérdida de Dios. “Hay una especie de desesperanza y de desesperación que domina lo traumático”, aclaró.

La segunda parte de la actividad estuvo a cargo de la psicóloga clínica Carolina Narea, quien realizó una reflexión en torno a lo simbólico, arquetípico y jungiano, llamada “Del trauma al eros, una mirada mítico-simbólica”, en la cual a través de relatos de mitos mapuches, compartió ideas de la importancia del inconsciente colectivo en el tema del significado del trauma y del dolor en muchas de sus esferas,  como puede ser el rechazo, la envidia, el resentimiento, la soledad, entre otros.

Finalmente, la última parte de la charla estuvo a cargo del psicólogo clínico Camilo Barrionuevo, quien es además académico y facilitador de prácticas contemplativas cristiano budistas, escritor y columnista.  Barrionuevo  hizo una reflexión sobre las consecuencias psíquicas y corporales en quienes trabajan con el trauma como son los psicólogos, asistentes sociales, terapeutas o acompañantes espirituales.

De este modo y basándose en diversos autores como en su propia experiencia de trabajo en los equipos terapéuticos en la Amazonía peruana, la cual integra la medicina tradicional amazónica y occidental, comprendió que “cuando trabajamos intersubjetivamente con otra persona estamos totalmente dentro de la sopa. No hay forma posible que nuestra realidad psíquica consciente e inconsciente pueda abstraerse del acto terapéutico”, señaló.

Es así que recogió el concepto de contratransferencia somática,  del psicólogo Andrés Sassenfeld, que alude al vínculo paciente –terapeuta y las reacciones de tipo somático-físicos que se pueden tener cuando se trabaja con pacientes.

Un tema más relevante cuando se trabaja con personas traumatizadas. “La influencia  a la cual podemos estar expuestos cuando trabajamos con pacientes con trauma es significativa y que se manifiesta también a nivel corporal. A veces con una intensidad bien particular pero otras veces sentir dolor de cabeza, estomago, ansiedad, acalambramiento, experiencias somático-psíquicas que tiene relación con lo que pasa intersubjetivamente.  Y es que Jung desarrolló tempranamente la noción de infestación psíquica, que decía con eso que,  como terapeuta estamos expuestos a enfermarnos junto a nuestros pacientes e incluso en el lugar de nuestros pacientes”.

Barrionuevo agrega que es por eso que se dice que la enfermedad psíquica es contagiosa y que ellos como terapeutas están influenciados constantemente por sus pacientes.  “Lo curioso luego de mi relectura que se hace en el curanderismo o en ese tipo de tradiciones, es que el cuerpo del terapeuta tiene un lugar central. Es el cuerpo del terapeuta el encargado de tomar  y de procesar la enfermedad  psíquica- espiritual de su paciente. Lo que significa que el terapeuta toma los aspectos no procesados, complejos, caóticos, disruptivos de la vida psíquica, los procesa de una forma que pueda devolvérselo y ser integrado por el paciente. Ahí se abren paralelos interesantes respecto a procesos transferenciales que suelen ser bastante comunes cuando uno trabaja con poblaciones traumatizadas. Con esto no digo que los terapeutas seamos curanderos  pero si de que es más frecuente que emerjan poderosas experiencias contratransferenciales de tipo somático cuando uno está trabajando con pacientes traumatizados.  Como si el cuerpo del terapeuta fuera un lugar privilegiado donde se puede vivenciar los aspectos disociados de la psique”.

Esta compresión de los procesos contratransferenciales nos abren la puerta respecto al problema de la digestión. En las tradiciones curanderiles me sorprendió la prolijidad con que los curanderos se van cuidando, tienen una serie de técnicas y de rituales para reciclarse y para no intoxicarse debido a su trabajo, que implican desde baños en el río, saunas, masajes y técnicas corporales para cuidar su cuerpo y su ser curandero. Y en mi experiencia de supervisión de equipos terapéuticos que trabajan en situaciones de alta vulnerabilidad, con mucha frecuencia me encontré con profesionales quemado o síndrome de burnout, especialmente al trabajar con la carga de pacientes traumatizados”.

Es por ello que el experto recomendó el espacio de supervisión clínica y el acompañamiento.  “Falta una conciencia de los riesgos de la profesión,  especialmente en la dimensión pública. Hay que cuidarse con técnicas. El limpiador de ventanas lo hace con cierta metodología de cuidado. Y esa conciencia no es completa en los ámbitos terapéuticos, ni para asistentes sociales ni acompañantes espirituales.  Por ello además de los espacios, la dimensión espiritual es un tema importante como recurso para el terapeuta, independiente de su credo.  Y tres, mirar la forma del cuerpo de modo distinta, lo que implica prácticas corporales concretas para el ´reciclaje´”, argumentó.

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